domingo, 13 de marzo de 2011
jueves, 16 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
Y este corazón late furioso, hijo de la tormenta. Quiere resbalar por los abismos, y rozar la gloria y el desconcierto.
Se vuelca en un abrazo, y teje un manto frío sobre sus manos siempre heridas.
No conoce límites en su locura. Desafía al crepúsculo, y llora, contenido, ante una flor que empieza a morir.
Es este corazón una llama soberbia. Esparce sus semillas sin mirar si caen en suelo fértil. Regala en las mañanas sonrisas a los caminantes distraídos, y se inclina ante el poder de un beso inocente.
Y desgarra su carne, y se sumerge en las tinieblas, cuando olvida a quién tributa sus latidos.
Se vuelca en un abrazo, y teje un manto frío sobre sus manos siempre heridas.
No conoce límites en su locura. Desafía al crepúsculo, y llora, contenido, ante una flor que empieza a morir.
Es este corazón una llama soberbia. Esparce sus semillas sin mirar si caen en suelo fértil. Regala en las mañanas sonrisas a los caminantes distraídos, y se inclina ante el poder de un beso inocente.
Y desgarra su carne, y se sumerge en las tinieblas, cuando olvida a quién tributa sus latidos.
martes, 7 de diciembre de 2010
A veces me pregunto, mientras el viento de la tierra siempre nueva golpea en la ventana, si será este limbo, este espacio sin tiempo ni memoria, el refugio permanente para mis ojos cansados.
A veces, en medio de la noche, con la calidez de un hogar prestado cubriendo mi sueño, caen de mis párpados las dudas y el desconcierto. Será este mi estado permanente, el olvido, la pócima sin aromas que aceche mi último suspiro?
Y escapo al recuerdo, a la voz lejana pero amiga, y me aferro al instante de paz que me brinda su abrazo. Qué importan la tormenta, la ventisca y las cobijas ajenas, si mi espíritu es eterno, no conoce fronteras; si puede llorar y aún seguir amando!
A veces, en medio de la noche, con la calidez de un hogar prestado cubriendo mi sueño, caen de mis párpados las dudas y el desconcierto. Será este mi estado permanente, el olvido, la pócima sin aromas que aceche mi último suspiro?
Y escapo al recuerdo, a la voz lejana pero amiga, y me aferro al instante de paz que me brinda su abrazo. Qué importan la tormenta, la ventisca y las cobijas ajenas, si mi espíritu es eterno, no conoce fronteras; si puede llorar y aún seguir amando!
lunes, 22 de noviembre de 2010
Que no deje de brillar el cielo en tus cabellos!
Que sean tus sueños el camino del alba al descanso...
Que evoquen tus manos el delirio de una noche melódica, y que las sombras se oculten a tu paso.
No es en vano cada rincón que tus ojos descubren. El tiempo traza surcos en los rostros, pero ves más allá de lo evidente, y extiendes tus manos hacia el infinito.
Conocerás la caricia sincera, el halago sin monedas, la dulzura de una voz que susurra en la distancia?
Que sean tus sueños el camino del alba al descanso...
Que evoquen tus manos el delirio de una noche melódica, y que las sombras se oculten a tu paso.
No es en vano cada rincón que tus ojos descubren. El tiempo traza surcos en los rostros, pero ves más allá de lo evidente, y extiendes tus manos hacia el infinito.
Conocerás la caricia sincera, el halago sin monedas, la dulzura de una voz que susurra en la distancia?
viernes, 19 de noviembre de 2010
Una luz muere en la distancia...
Sé que habrá un mañana en que las aves canten en mi ventana, y en que los tenues rayos de un sol travieso jueguen a esconderse en mi pelo.
Sé que la luna sonreirá misteriosa, cómplice de mis andanzas, mientras espíe mis pasos por senderos prohibidos.
Pero ahora sólo tengo la penumbra de mis sueños cautivos, y el aire sofocante de un presente hecho jirones.
Este es el eclipse del momento anhelado. No hay llanto anegando mi silencio. No hay palabras que acaricien mi desconsuelo.
Este es el minuto del olvido, y mi voz se pierde en un abismo...
Sé que habrá un mañana en que las aves canten en mi ventana, y en que los tenues rayos de un sol travieso jueguen a esconderse en mi pelo.
Sé que la luna sonreirá misteriosa, cómplice de mis andanzas, mientras espíe mis pasos por senderos prohibidos.
Pero ahora sólo tengo la penumbra de mis sueños cautivos, y el aire sofocante de un presente hecho jirones.
Este es el eclipse del momento anhelado. No hay llanto anegando mi silencio. No hay palabras que acaricien mi desconsuelo.
Este es el minuto del olvido, y mi voz se pierde en un abismo...
miércoles, 27 de octubre de 2010
Qué rumor se esconde en las sombras...
el fuego del alba victoriosa, los cantos solemnes que anuncian aventuras, las plegarias contenidas en el silencioso desliz de unos dedos sobre sus cabellos...
Qué heridas, qué sangre brota de mi boca, enmudecida, proscrita. Sujeta a la razón y la cordura. Congelado en el olvido el gesto sublime de un beso eterno.
No hay camino hacia el edén. No hay abrazos, ni promesas de un ocaso rojo en la distancia. Sólo gritan los últimos granos del tiempo cayendo, cayendo...
el fuego del alba victoriosa, los cantos solemnes que anuncian aventuras, las plegarias contenidas en el silencioso desliz de unos dedos sobre sus cabellos...
Qué heridas, qué sangre brota de mi boca, enmudecida, proscrita. Sujeta a la razón y la cordura. Congelado en el olvido el gesto sublime de un beso eterno.
No hay camino hacia el edén. No hay abrazos, ni promesas de un ocaso rojo en la distancia. Sólo gritan los últimos granos del tiempo cayendo, cayendo...
sábado, 16 de octubre de 2010
Visto de recuerdos el sendero gris de mis días soleados. Dejo atrás el delirio, la noche en calma, los abrazos sin testigos, y respiro en silencio el aroma que se aleja en mi memoria.
No surques mis sueños. Que no rocen tus dedos el velo sutil de mi templo. Que la oscuridad es más intensa cuando más cercano está el alba, y sólo queda esperar, en profunda quietud, que del último suspiro sobrevivan las cenizas y el olvido.
No surques mis sueños. Que no rocen tus dedos el velo sutil de mi templo. Que la oscuridad es más intensa cuando más cercano está el alba, y sólo queda esperar, en profunda quietud, que del último suspiro sobrevivan las cenizas y el olvido.
domingo, 29 de agosto de 2010
Déjame, destino, renunciar a los sueños inconclusos. Déjame brillar, como luna en su desvelo, como el oro entre la niebla, alzando la mirada y sonriendo sin memoria.
Deja que se calmen mi sed y mi vergüenza.
Deja que la noche toque mi frente y me haga libre.
Deja que el silencio sea paz y no miseria.
Que ha florecido un nuevo jardín, y su perfume entra a raudales por mi ventana abierta.
Deja que se calmen mi sed y mi vergüenza.
Deja que la noche toque mi frente y me haga libre.
Deja que el silencio sea paz y no miseria.
Que ha florecido un nuevo jardín, y su perfume entra a raudales por mi ventana abierta.
domingo, 1 de agosto de 2010
viernes, 30 de julio de 2010
El aroma de este instante se cuela en mis bolsillos; deja una estela en el humo y los recuerdos.
La pasión de este minuto dibuja círculos en la superficie; trae en sus manos la dicha de un corazón ligero.
Se aquietan los pasos, y respiro el silencio.
Los últimos rayos de luz caen sobre mi frente.
Dejemos que las sombras jueguen a esconder presagios.
Dejemos que las aves se lleven lejos su canto.
Que no hay un mañana si no se espera.
Que no hay más latidos que los que en mi pecho resuenan.
Que es sólo este lugar, este momento, y estos dedos resbalando sobre mis labios entreabiertos...
La pasión de este minuto dibuja círculos en la superficie; trae en sus manos la dicha de un corazón ligero.
Se aquietan los pasos, y respiro el silencio.
Los últimos rayos de luz caen sobre mi frente.
Dejemos que las sombras jueguen a esconder presagios.
Dejemos que las aves se lleven lejos su canto.
Que no hay un mañana si no se espera.
Que no hay más latidos que los que en mi pecho resuenan.
Que es sólo este lugar, este momento, y estos dedos resbalando sobre mis labios entreabiertos...
sábado, 24 de julio de 2010
Alma, caes rendida ante el destino inexorable. Cierra los ojos; los últimos ecos de la tormenta vigilarán tu sueño.
Alma, sedienta de poesía, temblorosa ante el abismo. Pliega tus alas; no es momento de volar herida. Deja que el viento acaricie tu frente, y que las nubes descarriadas te envuelvan en su abrazo. Deja que la luz del alba refleje el fuego de tus ansias.
Deja que el silencio se apodere de tu desvelo, y la profunda quietud de una noche sin estrellas guiará tus pasos por caminos certeros.
Alma, sedienta de poesía, temblorosa ante el abismo. Pliega tus alas; no es momento de volar herida. Deja que el viento acaricie tu frente, y que las nubes descarriadas te envuelvan en su abrazo. Deja que la luz del alba refleje el fuego de tus ansias.
Deja que el silencio se apodere de tu desvelo, y la profunda quietud de una noche sin estrellas guiará tus pasos por caminos certeros.
domingo, 18 de julio de 2010
Mis sueños y su canto
Las amargas espadas del dolor y el delirio volverán a clavarse en mi costado.
Sangraré, y mi voz traerá el rugir de mil tormentas.
Caeré, y saciarán su sed de siglos las piedras en mi llanto.
Moriré, como tantas veces, para revivir cada noche en un abrazo, y ofrendar al alba mis sueños y su canto.
Sangraré, y mi voz traerá el rugir de mil tormentas.
Caeré, y saciarán su sed de siglos las piedras en mi llanto.
Moriré, como tantas veces, para revivir cada noche en un abrazo, y ofrendar al alba mis sueños y su canto.
lunes, 5 de julio de 2010
El perdón.
Hubo un momento, un fugaz destello, en que los sones de la grandeza rozaron mi espíritu quieto.
Pude ver, entre la bruma errante, que el cielo se fundía con el infierno, que lo blanco se estrellaba en lo azulado, que el clamor de mil eras no era un conjunto de voces si no la voz misma...
Era la paz cayendo, como látigo y manto, sobre mi espalda desnuda.
Y entendí que la vida me regalaba su perdón sincero.
Pude ver, entre la bruma errante, que el cielo se fundía con el infierno, que lo blanco se estrellaba en lo azulado, que el clamor de mil eras no era un conjunto de voces si no la voz misma...
Era la paz cayendo, como látigo y manto, sobre mi espalda desnuda.
Y entendí que la vida me regalaba su perdón sincero.
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