A veces me pregunto, mientras el viento de la tierra siempre nueva golpea en la ventana, si será este limbo, este espacio sin tiempo ni memoria, el refugio permanente para mis ojos cansados.
A veces, en medio de la noche, con la calidez de un hogar prestado cubriendo mi sueño, caen de mis párpados las dudas y el desconcierto. Será este mi estado permanente, el olvido, la pócima sin aromas que aceche mi último suspiro?
Y escapo al recuerdo, a la voz lejana pero amiga, y me aferro al instante de paz que me brinda su abrazo. Qué importan la tormenta, la ventisca y las cobijas ajenas, si mi espíritu es eterno, no conoce fronteras; si puede llorar y aún seguir amando!
martes, 7 de diciembre de 2010
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