domingo, 28 de marzo de 2010

No tengo razones.

No tengo razones para este latir acelerado. Escapan, sin querer, las alas prohibidas de un deseo que suspira, inquietante, buscando una brisa descarriada.

No tengo razones, y no busco tenerlas. ¡Qué importa que el sol se esconda y no me deje verte! ¡Qué astucia de los tiempos, hallarme yo en un valle, y tú volando lejos!

Y seguirá mi pulso enloquecido ante tu presencia. Temblarán mis manos, y lucharé por contener el requiebro en mi garganta, pues aunque no existen razones, igual muero por vaciar mi fuente en tu boca.