No tengo razones para este latir acelerado. Escapan, sin querer, las alas prohibidas de un deseo que suspira, inquietante, buscando una brisa descarriada.
No tengo razones, y no busco tenerlas. ¡Qué importa que el sol se esconda y no me deje verte! ¡Qué astucia de los tiempos, hallarme yo en un valle, y tú volando lejos!
Y seguirá mi pulso enloquecido ante tu presencia. Temblarán mis manos, y lucharé por contener el requiebro en mi garganta, pues aunque no existen razones, igual muero por vaciar mi fuente en tu boca.
domingo, 28 de marzo de 2010
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