El aroma de este instante se cuela en mis bolsillos; deja una estela en el humo y los recuerdos.
La pasión de este minuto dibuja círculos en la superficie; trae en sus manos la dicha de un corazón ligero.
Se aquietan los pasos, y respiro el silencio.
Los últimos rayos de luz caen sobre mi frente.
Dejemos que las sombras jueguen a esconder presagios.
Dejemos que las aves se lleven lejos su canto.
Que no hay un mañana si no se espera.
Que no hay más latidos que los que en mi pecho resuenan.
Que es sólo este lugar, este momento, y estos dedos resbalando sobre mis labios entreabiertos...
viernes, 30 de julio de 2010
sábado, 24 de julio de 2010
Alma, caes rendida ante el destino inexorable. Cierra los ojos; los últimos ecos de la tormenta vigilarán tu sueño.
Alma, sedienta de poesía, temblorosa ante el abismo. Pliega tus alas; no es momento de volar herida. Deja que el viento acaricie tu frente, y que las nubes descarriadas te envuelvan en su abrazo. Deja que la luz del alba refleje el fuego de tus ansias.
Deja que el silencio se apodere de tu desvelo, y la profunda quietud de una noche sin estrellas guiará tus pasos por caminos certeros.
Alma, sedienta de poesía, temblorosa ante el abismo. Pliega tus alas; no es momento de volar herida. Deja que el viento acaricie tu frente, y que las nubes descarriadas te envuelvan en su abrazo. Deja que la luz del alba refleje el fuego de tus ansias.
Deja que el silencio se apodere de tu desvelo, y la profunda quietud de una noche sin estrellas guiará tus pasos por caminos certeros.
domingo, 18 de julio de 2010
Mis sueños y su canto
Las amargas espadas del dolor y el delirio volverán a clavarse en mi costado.
Sangraré, y mi voz traerá el rugir de mil tormentas.
Caeré, y saciarán su sed de siglos las piedras en mi llanto.
Moriré, como tantas veces, para revivir cada noche en un abrazo, y ofrendar al alba mis sueños y su canto.
Sangraré, y mi voz traerá el rugir de mil tormentas.
Caeré, y saciarán su sed de siglos las piedras en mi llanto.
Moriré, como tantas veces, para revivir cada noche en un abrazo, y ofrendar al alba mis sueños y su canto.
lunes, 5 de julio de 2010
El perdón.
Hubo un momento, un fugaz destello, en que los sones de la grandeza rozaron mi espíritu quieto.
Pude ver, entre la bruma errante, que el cielo se fundía con el infierno, que lo blanco se estrellaba en lo azulado, que el clamor de mil eras no era un conjunto de voces si no la voz misma...
Era la paz cayendo, como látigo y manto, sobre mi espalda desnuda.
Y entendí que la vida me regalaba su perdón sincero.
Pude ver, entre la bruma errante, que el cielo se fundía con el infierno, que lo blanco se estrellaba en lo azulado, que el clamor de mil eras no era un conjunto de voces si no la voz misma...
Era la paz cayendo, como látigo y manto, sobre mi espalda desnuda.
Y entendí que la vida me regalaba su perdón sincero.
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