viernes, 30 de julio de 2010

El aroma de este instante se cuela en mis bolsillos; deja una estela en el humo y los recuerdos.
La pasión de este minuto dibuja círculos en la superficie; trae en sus manos la dicha de un corazón ligero.

Se aquietan los pasos, y respiro el silencio.
Los últimos rayos de luz caen sobre mi frente.

Dejemos que las sombras jueguen a esconder presagios.
Dejemos que las aves se lleven lejos su canto.

Que no hay un mañana si no se espera.
Que no hay más latidos que los que en mi pecho resuenan.

Que es sólo este lugar, este momento, y estos dedos resbalando sobre mis labios entreabiertos...

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