Alma, caes rendida ante el destino inexorable. Cierra los ojos; los últimos ecos de la tormenta vigilarán tu sueño.
Alma, sedienta de poesía, temblorosa ante el abismo. Pliega tus alas; no es momento de volar herida. Deja que el viento acaricie tu frente, y que las nubes descarriadas te envuelvan en su abrazo. Deja que la luz del alba refleje el fuego de tus ansias.
Deja que el silencio se apodere de tu desvelo, y la profunda quietud de una noche sin estrellas guiará tus pasos por caminos certeros.
sábado, 24 de julio de 2010
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