domingo, 29 de agosto de 2010

Déjame, destino, renunciar a los sueños inconclusos. Déjame brillar, como luna en su desvelo, como el oro entre la niebla, alzando la mirada y sonriendo sin memoria.

Deja que se calmen mi sed y mi vergüenza.
Deja que la noche toque mi frente y me haga libre.

Deja que el silencio sea paz y no miseria.

Que ha florecido un nuevo jardín, y su perfume entra a raudales por mi ventana abierta.

domingo, 1 de agosto de 2010

Arrojaría mi corazón al viento y me lanzaría a mil batallas si abro los ojos y encuentro mi reflejo en su silencio.

(Julio de 2010).-