Las amargas espadas del dolor y el delirio volverán a clavarse en mi costado.
Sangraré, y mi voz traerá el rugir de mil tormentas.
Caeré, y saciarán su sed de siglos las piedras en mi llanto.
Moriré, como tantas veces, para revivir cada noche en un abrazo, y ofrendar al alba mis sueños y su canto.
domingo, 18 de julio de 2010
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