Visto de recuerdos el sendero gris de mis días soleados. Dejo atrás el delirio, la noche en calma, los abrazos sin testigos, y respiro en silencio el aroma que se aleja en mi memoria.
No surques mis sueños. Que no rocen tus dedos el velo sutil de mi templo. Que la oscuridad es más intensa cuando más cercano está el alba, y sólo queda esperar, en profunda quietud, que del último suspiro sobrevivan las cenizas y el olvido.
sábado, 16 de octubre de 2010
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