Qué rumor se esconde en las sombras...
el fuego del alba victoriosa, los cantos solemnes que anuncian aventuras, las plegarias contenidas en el silencioso desliz de unos dedos sobre sus cabellos...
Qué heridas, qué sangre brota de mi boca, enmudecida, proscrita. Sujeta a la razón y la cordura. Congelado en el olvido el gesto sublime de un beso eterno.
No hay camino hacia el edén. No hay abrazos, ni promesas de un ocaso rojo en la distancia. Sólo gritan los últimos granos del tiempo cayendo, cayendo...
miércoles, 27 de octubre de 2010
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