Aquello sagrado de lo que me privo.
El minuto silente de los miedos olvidados.
El suspiro agónico del dolor que desaparece.
¡Que sigan en marcha los senderos descubiertos!
Que se llenen de colores mis pasos renacidos.
Que el mar se agite de emoción al decir mi nombre.
Poblaré mi universo de estrellas acompasadas.
Diré una oración por cada espíritu que se cruce en mi camino.
Cerraré los ojos al pesar y a las ofensas.
Y si fuese éste tan sólo el destello fugaz de una sonrisa anhelada, ¡que se llene de la magia de amaneceres! ¡Que deslumbre con rayos y voces delirantes! ¡Que bendiga mi aliento y sujete con firmeza mis manos!
miércoles, 26 de agosto de 2009
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